MAURICIO MAGDALENO semblanza

MAURICIO MAGDALENO

(Villa del Refugio, Zac., 1906)

Dos años después de que Gregorio López y Fuentes publicó El indio, la novela que llamó la atención hacia el problema indigenista como digno de atención y estudio, Mauricio Magdaleno da a conocer El resplandor (1937). Magdaleno ubica la acción de esta novela en San Andrés de la Cal, un pueblo otomí del Mezquital, con el propósito de profundizar en las causas de su miseria. La esterilidad de la tierra determina la tragedia colectiva. Los beneficios del agua se vierten sólo en las posesiones de los ricos. Sin embargo, si las causas económicas cambiaran, si algún miembro de la comunidad indígena tuviera oportunidad de prepararse para ayudar a sus hermanos … El anhelo se logra a base de sacrificios pero la respuesta es negativa. Ninguna explotación más cruel, ninguna indiferencia más hiriente que la que proviene de quien consiguió ventajas materiales que lo separan y diferencian del grupo que lo acogió como uno de los suyos. El debate entre la ilusión y la esperanza, que plantea la obra, se resuelve en destellos de violencia y en una incierta y lejana solución del conflicto.

Por el análisis de un problema latente concreto, por la composición armónica de las partes de la obra, y por el lenguaje expresivo que sigue con libertad al fluir de la conciencia —adelantándose así a los procedimientos que utilizarán después otros narradores importantes—, Mauricio Magdaleno es considerado como uno de los escritores más destacados de la segunda promoción entre los llamados novelistas de la Revolución. Su obra narrativa se inscribe dentro de los temas de preocupación social. Su copiosa obra narrativa y dramática lleva la misma finalidad: presentar los dramas del campo y de las pequeñas y grandes concentraciones urbanas, manifiestos a causa de la Revolución. Partícipe en la aventura política y cultural del vasconcelismo, escribe también crónicas y ensayos de alto valor testimonial y calidad literaria.

Desde El compadre Mendoza (1934) hasta El ardiente verano (1954) se aprecia una constante de amplitud y libertad en el tratamiento de los temas sociales, de tal modo que cuando la denuncia de irregularidades e injusticias no se había convertido aún en moda, pareció excesiva. Los temas revolucionarios, en particular el indigenismo, dominan la producción de Magdaleno, en la que no falta el estudio psicológico ni el. de carácter histórico y social.

Los cuentos de Mauricio Magdaleno presentan en un ámbito reducido las inquietudes del autor y sus experiencias; el rescate de sus recuerdos de adolescencia provinciana, episodios conectados con la Revolución, la rebelión cristera, la situación de los mexicanos que buscan fuentes de trabajo al otro lado de la frontera norte, pequeñas y grandes tragedias urbanas. Mientras otros autores contemporáneos suyos se distrajeron en digresiones, prédicas, deshilvanados recuerdos, Magdaleno se propone contar un sucedido, narrar una historia en la cual exista un punto concreto de interés, al que se llega mientras se crea el ambiente adecuado; los personajes adquieren sus cabales dimensiones espirituales y los diferentes episodios del relato cobran la intensidad necesaria para que el equilibrio general no se rompa. Es decir, el autor es dueño del material que maneja. Sin pretensiones innovadoras en la técnica narrativa alcanza la concreción sin mutilar los antecedentes ni limitar o empobrecer el desarrollo de la acción.

Decididamente identificado con las clases humildes cuyo desvalimiento se manifiesta en tan variadas circunstancias a las que él mismo no es ajeno, Magdaleno, igual que antes lo hizo Micrós, presenta una rica variedad de motivos entresacados de la diaria realidad, con matices de crueldad, angustia, miseria, muerte y ternura, que colocan al lector a la distancia justa para reconocer y valorar una época de vicios y violencia no superados todavía —y a un escritor que no se contenta con ofrecer sólo testimonios sin recrearlos artísticamente.

A la fabricación de mitos que el pueblo de México es proclive se refiere “El héroe de Peñuelas”. La presentación de una historia de “abnegación sin precedente”, no se puede cambiar por una verdad sin relieve y por añadidura negativa. La exaltación oficial cierra a perpetuidad el paso a cualquier evidencia que pretenda contrariar una sanción emanada de la autoridad. Y, así las cosas, triunfan, se imponen y se consagran la apariencia y la falsedad.

“Pasos a mi espalda” es el cuento ejemplar de creación de una atmósfera. Ilustra poco a poco el cambio que va de un estado de ánimo de plenitud y satisfacción a una indecible crisis de angustia: la del perseguido en un laberinto irreal, la de un hombre que para salvar la vida transforma su miedo en desencadenadas y ciegas fuerzas destructoras.

88

Los comentarios están cerrados.