EL PESCADOR DE ESTRELLAS

El pescador de estrellas

Ambula de día y de noche por las márgenes del lago.

Una negra barba nazarena encuadra su rostro magro en que los ojos radian con fulgores extraños.

Es un pobre demente que, cargando su zurrón  al hombro, sueña en viajes lejanos, en riberas remotas, tal vez en reminiscencia de alguna lectura infantil.

Con la mirada fija en las olas que  mueren a sus pies, parece meditar en alguna hazaña acuática. Hunde de cuando en cuando sus largos dedos canijos en la barba florida, y luego apoya el mentón en la diestra. Indiferente al mundanismo que agita en torno sus cascabeles, este lunático del lago contempla el ir y venir las barcas cuyos motores  jadean rizando las ondas.

Piadosamente le hemos invitado a hacer una excursión por el líquido elemento. Acepto con júbilo melancólico, si cabe la expresión. Su resignada alegría, que era la realización de una suprema esperanza, apenas si se dejó ver en un tenue  brillo de sus pupilas corvinas.

Y a nuestra vera ha recorrido todo el lago. Hierático, misterioso, grave, sintió que sus cabellos se agitaban al aletazo de las brisas húmedas. Probablemente creía estar transformado en un capitán de piratas. Casi supusimos que murmuraba los versos de Espronceda.

En la noche, en tanto que la luna todo lo volvía de argento, le encontramos sentado en un cantil, con una caña de pescar en la mano.

Y al interrogarle que hacía, nos dio esta respuesta desconcertante;

–Estoy pescando estrellas. . .

José de J. Nuñez y Domínguez (1887-1959)

(De Las  alas abiertas)

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