DIPLOMÁTICOS (fragmento)

Diplomáticos (fragmento)

B. Traven

Pocos hombres han sabido organizar fiestas como Porfirio Díaz. La fiesta que organizó en 1910 para celebrar el “Centenario” de la independencia mexicana se cuenta entre las fiestas públicas más fastuosas que jamás se hayan organizado en el continente americano, o incluso en el planeta. Todo brillaba con un oro destinado a deslumbrar a los visitantes de los países extranjeros. Nunca se ha calculado cuántos millones de dólares costó esta fiesta al pueblo mexicano. Los invitados no podían mirar otra cosa que no fuera esta fachada cubierta de oro. Se habían tomado todas las precauciones, con gran habilidad, para que ningún extranjero se diera cuenta de lo que había escondido detrás: el noventa y cinco por ciento del pueblo mexicano vestía harapos, el noventa y cinco por ciento de la población andaba sin botas ni zapatos, el noventa y cinco por ciento del pueblo sobrevivía a base de tortillas, frijoles, chile, pulque y té hecho con hojas de árboles, más del noventa y cinco por ciento de la gente no sabía leer y aún menos escribir su nombre.

¿En qué lugar semejante fiesta hubiera podido celebrarse en el conjunto del mundo civilizado?

(Traducción anónima)

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